Los paisajes sobre los que Latorre trabaja son rincones muy escogidos y peculiares sobre los que impone su propia mirada haciendo protagonista a la impresión vivida y no a las formas que la identifican. Senegal, Venecia, El Cairo, Túnez, Roma, en todas ellas sentimos su presencia, pero no por como realmente son, sino por como se viven y sienten. Nunca las formas son las protagonistas, las desdibuja para dejar a la luz pintar con gran sensibilidad. Sensibilidad que Latorre tiene en los pinceles y en la forma de mirar consiguiendo una pintura creada de pintura y de lugares vividos Marisol Latorre ha sabido también situar su pintura entre la figuración y la abstracción manejando esa línea fronteriza en la que al espectador le es imposible mantenerse ajeno a las referencias realistas de sus obras pero tampoco puede detener la imaginación e impedir que su mente se abstraiga hacia las múltiples sugerencias que se nos ofrecen. Cuadros cuya materia está bien elaborada a la vez que sujeta por un buen armazón dibujístico

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